Por editorial Clave Universitaria
En el contexto actual de una inflación de más del 200 % interanual y restricciones presupuestarias profundas, muchas universidades públicas argentinas ya empiezan a ver el impacto en las inscripciones y en la permanencia de los estudiantes.
Según un relevamiento preliminar, al menos 8 de 11 universidades nacionales analizadas registraron caídas en la matrícula de nuevos estudiantes en 2025. Por ejemplo, La Universidad Nacional de Salta mostró una baja del 42 %, mientras que UNNOBA lo hizo en 17,5 % y Mar del Plata en 23,7 %.
En paralelo se da una restricción en la oferta académica, como en el caso de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) que dejó de inscribir a nuevos alumnos en dos carreras de informática —Tecnicatura y Licenciatura— debido a la falta de presupuesto para contratar docentes o actualizar tecnología. Similarmente, la Universidad Nacional de Moreno suspendió su curso de ingreso del segundo cuatrimestre para priorizar la atención a quienes ya estaban matriculados.
Otra de las dificultades que enfrenta el sistema educativo universitario son los bajos salarios —que han perdido casi un tercio de su valor— y la ausencia de fondos para investigación han motivado renuncias masivas. En Exactas de la UBA, por ejemplo, renunciaron 135 docentes, equivalente al 13 % del plantel. Esta fuga reduce la oferta de materias y acentúa la imposibilidad de sostener nuevas cohortes.
Pero donde más golpea la crisis es a los estudiantes que provienen de hogares de ingresos bajos (65 % de la matrícula). Lamentablemente muchos optan por carreras menos extensas o abandonan sus estudios por el aumento de alquileres, transporte y materiales. Las becas y comedores universitarios amortiguan levemente la situación, pero la presión económica persiste.
Ante presupuestos prorrateados, muchas universidades entraron en emergencia financiera. Las restricciones afectan la inscripción a materias, la extensión y servicios de salud, cultura o investigación.
En conclusión, como sociedad – sobre todo el estado y nuestros representantes legislativos- debemos poner el foco en la urgencia de tomar medidas para contener el descenso en la matrícula universitaria, porque esto no es un fenómeno aislado: es la expresión de un sistema educativo bajo asedio económico. Con menos docentes, menos inscripciones y estudiantes en situación vulnerable, las universidades públicas se enfrentan a un riesgo real de contracción.
Para revertir esta tendencia, necesitamos medidas urgentes:
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Aumento real del presupuesto universitario, acorde a la inflación.
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Ampliación de becas y subsidios estudiantiles que garanticen la permanencia de más del 60 % de estudiantes de bajos ingresos.
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Reparación salarial y mejora de condiciones laborales docentes.
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Políticas de apoyo a la investigación y programas estratégicos de retención académica.
Sin estas acciones, el sistema universitario podría entrar en una espiral de baja de matrícula y cierre de carreras, con consecuencias profundas para Argentina.