Se cumplieron siete décadas de la gran conquista de la sociedad bahiense y regional: la recuperación de un proyecto universitario local, sostenido desde entonces en la UNS.
“Para nosotros, los actuales responsables de la gestión de esta Universidad, es un honor profundo rendir tributo a los fundadores de nuestra segunda casa”, ilustró el rector Daniel Vega, durante el acto que en el mediodía del lunes 5 celebró los setenta años de funcionamiento de la Universidad Nacional del Sur bajo ese nombre y condición.
“Lo que hoy reivindicamos no es una abstracción académica; es la identidad de una universidad que sabe que su razón de ser se pone a prueba todos los días, sobre todo en los momentos de mayor vulnerabilidad de nuestro pueblo”, agregó Vega, ante autoridades académicas actuales y sus predecesoras.
El acto se concretó en el Centro Histórico Cultural de Rondeau 29, edificio recuperado en la segunda década de este siglo. Allí comenzaron a funcionar tanto la UNS como su antecesor, el Instituto Tecnológico del Sur, mojones iniciales del recorrido y la vigencia de la educación superior en la zona.
Una historia de compromiso comunitario
Las multitudinarias marchas en defensa del presupuesto y los salarios universitarios, y las múltiples muestras de apoyo a su renacer tras las catástrofes climáticas, forman parte de una tradición arraigada en la región, con habitual epicentro en las calles de Bahía Blanca.
El compromiso ya cumplió un siglo, desde que en 1924 inició con una junta de firmas en apoyo al proyecto del diputado nacional radical Mario Guido para crear en la ciudad lo que propuso llamar la Universidad Nacional de la Costa Sur. Bahía Blanca crecía vigorosamente en población y había logrado ser centro de estudios secundarios. La expectativa era lógica.
En las décadas siguientes, el anhelo tomó cuerpo y ganó en adhesiones activas. El legislador conservador Samuel Allperín insistió en 1939, ocasión en que se estrenó -por entonces, como propuesta- el nombre actual de la UNS y se formó una comisión de trabajo.
En 1948, durante el primer gobierno peronista, la inauguración del Instituto Tecnológico del Sur colocó la piedra fundacional para la cristalización de la idea. Su primer rector, Miguel López Francés, la definió “de patrimonio colectivo”.
