A partir de 2010, a raíz de una iniciativa del empresario escocés Pete Cashmore, fundador de un reconocido portal estadounidense de noticias llamado Mashable, cada 30 de junio se celebra el Día Mundial de las Redes Sociales. Una fecha que invita a reflexionar sobre el impacto que generan estas plataformas en la vida cotidiana, en las relaciones interpersonales y en la manera en que se accede a la información. Desde Facebook y Twitter hasta TikTok y LinkedIn, por citar algunos ejemplos, no solo se modificó el modo en que se interactúa, sino también cómo se consumen las noticias, cómo se trabaja y cómo uno se muestra al mundo.
Si bien se trata de un universo virtual que está en constante expansión, el futuro de las redes sociales se perfila como un espacio más inteligente, inmersivo y centrado en la experiencia del usuario. A medida que la tecnología avanza y cambian las expectativas sociales, las plataformas deberán adaptarse a nuevos valores: autenticidad, seguridad, control personal y experiencias significativas.
En este contexto, la alfabetización digital se presenta como una competencia esencial para que los usuarios puedan desenvolverse adecuadamente en un entorno cada vez más interconectado y complejo.
Yamila Campo, graduada y docente de la carrera de Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, quien investiga los cambios que se generaron en la última década y los desafíos que la población mundial aún se enfrenta, compartió su visión para entender un poco más este fenómeno que pareciera no tener límites.
“Es difícil pensar hacia dónde van las redes porque en el medio aparece la inteligencia artificial, que genera otros modos de construir y generar contenido en las plataformas. Hay muchos influencers que hoy están hechos completamente por la IA. Las plataformas van a seguir cambiando, incluso para aumentar el consumo de tiempo de los usuarios mediante los algoritmos. Hay que trabajar sobre la alfabetización digital y con espacios en la sociedad que permitan reflexionar sobre el uso y abuso que se hace de las redes. Hay que pensar de qué otra manera podemos relacionarnos con los demás y que esto no se transforme en una dependencia”, explica Yamila.
Hace tiempo que el metaverso ha dejado de ser un simple entretenimiento para convertirse en espacios clave en los procesos de construcción de identidad personal y colectiva. Su influencia en cómo las personas se presentan, se relacionan y forman comunidades ha transformado profundamente las dinámicas sociales a nivel global.
“Hay algunas formas de establecer vínculos en las redes sociales que se trasladan a lo analógico. Otras no, porque son específicas de las redes sociales. Incluso, aparece la idea del FOMO (Fear Of Missing Out), que es el miedo a perderse de algo por no estar metido en el mundo de las redes. Esto se ve un poco más con los niños preadolecentes. Algunas familias, por ejemplo, deciden dilatar el ingreso de los más chicos a ese mundo y después sucede que les cuesta relacionarse con sus pares porque les falta alguna información que pasa por ahí”, señala.
Para muchos jóvenes, las redes sociales son un espacio de expresión personal. A través de publicaciones, fotos, videos y comentarios, comparten sus intereses, opiniones y emociones. Además, encuentran comunidades con las que se sienten identificados, lo que fortalece su sentido de pertenencia y autoestima.
Yamila Campo opina al respecto: “Yo no estoy tan segura de que los jóvenes solo tengan una vida en las redes y nada más. Las estadísticas marcan que el porcentaje de jóvenes que usa las redes sociales es más o menos el mismo que el de los adultos. Trataría de ser más cuidadosa con la idea de que los jóvenes están metidos demasiado tiempo y que no tienen la noción de lo analógico o de otros tipos de vinculaciones. Sí es cierto que tienen mayores vinculaciones virtuales que los adultos, y que además lo viven con una mayor naturalidad. Pero no es que escapen a los vínculos reales, sino que los prolongan mediante las redes”.
Aunque jóvenes y adultos comparten el mismo entorno digital, sus formas de interactuar con las plataformas son algo distintas. Estas diferencias reflejan no solo intereses generacionales, sino también distintas formas de entender la tecnología.
“Las generaciones más grandes pueden sentirse un poco más marginadas en ciertas plataformas. Es una generalidad decir que están más en Facebook y que Tiktok les cuesta un poco más. En verdad, los consumos específicos de cada rango etario son cada vez más diferenciados y Tiktok es un claro ejemplo. Esto hace que las conversaciones sean distintas, ya que los jóvenes tienen otros códigos con relación al uso de los memes y los videos. La clave pasa por ahí, más que por la marginalidad del uso de algunas plataformas. Pasa por los algoritmos, que cada vez son más sofisticados y diferencian el consumo entre las generaciones”, profundiza la especialista.
Por supuesto que este proceso no está exento de desafíos. La presión por mantener una imagen idealizada ante los ojos del mundo puede afectar la salud mental, y la sobreexposición genera riesgos de privacidad que no se dimensionan del todo.
“Las plataformas saben perfectamente acerca de la vulneración que se hace sobre la salud mental y los datos privados. Hacen una gran pantomima para mejorar estas cosas, pero la verdad es que los CEO también hacen un negocio. Y es que dependen de la permanencia de las personas para su propio desarrollo económico. Es difícil. Ahí parece necesario estar todo el tiempo pensando en la alfabetización digital como elemento distintivo para que las personas entiendan hasta dónde y de qué manera operan las redes sobre nuestras vidas o de qué manera podemos ir poniendo algunos frenos a ese profundo avasallamiento”, opina.
Por otro lado, la rápida expansión de las redes sociales ha revolucionado la manera en que la sociedad consume y comparte información. Sin embargo, este crecimiento también ha intensificado fenómenos preocupantes, como la polarización ideológica que puede distorsionar la percepción de la comunidad, incluyendo los procesos democráticos.
“En Argentina se trabajó en 2023. Hay algunos proyectos de ley para la regulación de estas plataformas. Todavía es un terreno que hay que seguir transitando. Hoy, veo bastante difícil que podamos acercarnos a algún tipo de legislación porque el tono y las formas del debate público se están enrareciendo cada vez más. Eso genera muchos problemas, sobre todo cuando quien es portavoz de las agresiones o de las formas más virulentas es algún representante de los distintos gobiernos o de las distintas representaciones del estado. Es importante que en algún momento esto se debata en el Congreso, sin entrar en desmedro de la libertad de expresión. El tono y las formas de acercamiento, sobre todo con los modos de hacer política hoy en día, tienen una consecuencia importante sobre otros modos de relacionarse en la comunidad”, sostiene Campo.
Y acá también entra en juego la propagación de desinformación o de las noticias falsas, más conocidas como fake news, que son manipuladas o sacadas de contexto para presentarlas como si fueran verdaderas. Este fenómeno representa otra apuesta seria para la sociedad, afectando la opinión pública y la confianza en los medios de comunicación.
Según la entrevistada: “Es un mal que muchas veces tiene que ver con la necesidad de baiteo (una acción o publicación diseñada para atraer la atención, provocar una reacción o manipular a las personas para que respondan de cierta manera) o de click para que la gente lea algunas noticias en la web. Y otras veces tiene que ver con necesidades concretas de posicionamientos políticos e ideológicos para que la gente tenga sentimientos de indignación, bronca e impotencia frente a determinada cosa. En este sentido, la escuela tiene que tener un rol importante. Estamos debatiendo todo el tiempo si el celular sí o no dentro del aula, pero más allá de eso hay que tener una lógica más concreta para poder explicarles a los niños de qué manera uno puede certificar o no la veracidad de la información. Los mismos buscadores te permiten hacer algunas aproximaciones, y hoy nos encontramos con un nuevo elemento a incorporar que es la inteligencia artificial, que por momentos tiene alucinaciones y da informaciones falsas. Hay que hacer un trabajo fuerte con la alfabetización digital”.